Los recuerdos conducen una vez más a la estancia
de la verdad por el atajo de la alegría y ambas
se disputan el derecho de existir en el glaucoma
de la tristeza tú sin embargo limpias mi ceguera
de pez muerto y como los ánsares hacia la incertidumbre
en la noche regresas a la obligación de la melancolía
donde habita una ciudad de edificios tristes
mirada cansada aunque transparente y respiración
profunda en la paradoja de lo eterno.
